Cuando un desastre natural afecta a comunidades que ya habían sufrido el desplazamiento por el conflicto armado, reconstruir significa mucho más que recuperar viviendas e infraestructura: implica restablecer sus medios de vida, proteger sus derechos y ofrecer condiciones dignas para que puedan empezar de nuevo.
El terremoto del 10 de agosto de 2026 puso de nuevo sobre la mesa los desafíos del desplazamiento interno en Colombia. Para algunas comunidades, este sismo significó perder nuevamente sus hogares. En territorios históricamente afectados por el conflicto armado, la emergencia también comprometió sus fuentes de sustento y los vínculos que habían reconstruido después de episodios anteriores de violencia.
Esta situación se conoce como doble, triple o múltiple afectación y ocurre cuando las personas enfrentan desplazamientos forzados por causas diferentes, como el conflicto armado y los desastres naturales. Según el balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), al 10 de septiembre, el terremoto había afectado a 466.345 personas en 497 municipios de 16 departamentos. Ver: 356 personas rescatadas: la respuesta de la UNGRD continúa un mes después del terremoto.
El pueblo indígena Wounaan es un ejemplo de esta realidad. Después de enfrentar una prolongada crisis humanitaria asociada al conflicto armado, sus integrantes volvieron a sufrir la pérdida de sus viviendas por el sismo. Su situación muestra que recuperarse de una emergencia también requiere proteger los vínculos comunitarios, las prácticas culturales y las formas de sustento.
Reconstruir con las comunidades
¿Cómo garantizar que la reconstrucción permita superar el desplazamiento y no prolongue sus consecuencias? Esta pregunta orientó el encuentro “Reconstrucción y desplazamiento interno: los retos de empezar de cero”, realizado el 27 de mayo en la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes. Expertos nacionales e internacionales se reunieron para reflexionar sobre cómo diseñar e implementar procesos de reconstrucción que incorporen las perspectivas, los derechos y los liderazgos de las personas desplazadas internas, y contribuyan a la protección de los derechos humanos y a una paz sostenible.
Una de las ideas centrales del encuentro fue que la atención humanitaria, aunque indispensable durante la emergencia, no basta para que las personas retomen sus proyectos de vida. Se necesitan soluciones duraderas que les permitan recuperar sus medios de subsistencia e integrarse social y económicamente, ya sea mediante el retorno a sus territorios, la integración en comunidades de acogida o el reasentamiento en otro lugar.
Para lograrlo, las comunidades desplazadas y las que las reciben deben participar activamente en las decisiones sobre su futuro. Esto implica crear espacios que permitan incorporar sus voces en la recuperación de viviendas, infraestructura, centros de salud y escuelas, así como en la restitución de sus medios de vida. También exige reconocer sus formas de organización, sus prácticas culturales y los vínculos simbólicos e identitarios que construyen con el territorio. No se trata únicamente de consultar a las personas afectadas, sino de involucrarlas en las decisiones que determinarán sus condiciones de vida.
La reconstrucción también debe atender las afectaciones psicosociales y las heridas emocionales que dejan estas catástrofes. Aunque la recuperación material es urgente, el bienestar de las comunidades requiere reconocer el impacto emocional de las pérdidas, fortalecer la atención psicosocial y tener en cuenta las estrategias que las propias personas han desarrollado para afrontar la adversidad. La recuperación de las redes de apoyo y de la vida comunitaria es parte de ese proceso.
A estos esfuerzos se suma la necesidad de fortalecer la prevención. El terremoto evidenció cómo las condiciones de vulnerabilidad preexistentes pueden agravar los efectos de una emergencia y dificultar la respuesta. Por eso, la preparación ante futuros desastres debe considerar las particularidades de cada territorio y aprender de otras experiencias de desplazamiento causado por catástrofes, especialmente en contextos donde coinciden los efectos de la violencia y los fenómenos naturales.
Es así como las reflexiones del encuentro cobran especial relevancia ante estos hechos. La reconstrucción requiere coordinación institucional, respuestas de largo plazo y participación efectiva de las comunidades. El reto es que recuperar los territorios también signifique garantizar derechos y crear condiciones para que las personas reconstruyan sus vidas sin quedar expuestas a nuevos desplazamientos.