Escrito por: Emilia Páez
Introducción
El streaming transformó radicalmente la industria musical. Plataformas como Spotify, Apple Music y Deezer prometieron democratizar su acceso, permitiendo a los oyentes acceso a millones de canciones por una suscripción mensual asequible y a los artistas alcanzar audiencias globales sin intermediarios tradicionales. A primera vista, los datos respaldan esta narrativa: en 2024, Spotify pagó más de 10 mil millones de dólares en regalías a la industria musical, diez veces más que en 2014 (Spotify, 2025). Sin embargo, mientras la industria registra ingresos récord, muchos artistas aún sostienen no poder vivir de su arte.
La razón radica en el modelo económico. Spotify paga entre $0.003 y $0.005 dólares por reproducción. (Sympathy for the Lawyer, 2025). Un artista necesita aproximadamente 155,000 reproducciones mensuales solo para alcanzar un salario mínimo colombiano. Mientras los artistas independientes enfrentan esta realidad, las tres grandes discográficas (Universal Music Group, Sony Music y Warner Music) negocian acuerdos preferenciales con las plataformas, perpetuando la concentración económica (Music & Copyright, 2025). Esta asimetría plantea serios interrogantes sobre cómo deben distribuirse los ingresos digitales y si el streaming constituye un negocio sostenible y de serlo, ¿para quién?
Para responder, se analizarán los efectos concentradores del modelo pro-rata, la alternativa “user-centric payment” y la contra propuesta desde el derecho del consumidor. El objetivo es demostrar que este modelo, lejos de ser revolucionario, ha replicado las desigualdades estructurales históricas de la industria musical.
Cómo el sistema pro-rata concentra ingresos
El sistema pro-rata, del latín “en proporción”, es el mecanismo que la mayoría de plataformas utilizan para distribuir regalías. Su funcionamiento es simple pero problemático: las plataformas de streaming reúnen todos los ingresos mensuales, tanto de suscripciones como de publicidad, en un fondo común que ellas administran. De este fondo, se retiene aproximadamente el 25% como comisión de la plataforma, y el resto se distribuye según el porcentaje de reproducciones globales de cada canción, sin importar qué usuario escuchó qué. Esto genera una “redistribución inversa” donde un oyente que solo escucha artistas independientes tiene una suscripción que se diluye en el fondo común y termina beneficiando principalmente a los artistas más reproducidos del mercado. Colombia ilustra esta inequidad: aunque fue el único país hispanohablante sin artistas cantando en inglés en su top 50, no existe un beneficio proporcional para los músicos locales (Portafolio, 2025).
Las consecuencias son devastadoras para artistas emergentes o de géneros minoritarios. Según estudios de la Universidad de Oslo, el 1% superior de artistas como Taylor Swift, Bad Bunny o Drake, captura aproximadamente el 90% de las reproducciones en Spotify, mientras el resto compite por lo restante (Wikström, 2020). Esta concentración no es accidental: las grandes discográficas invierten millones en posicionar artistas en playlists curadas y pautar campañas dentro de las plataformas. Un artista independiente sin estos recursos, queda sistemáticamente excluido, evidenciando que la “democratización” solo funciona para quienes cuentan con respaldo corporativo sustancial.
Además, el modelo puede llegar a incentivar el fraude. Empresas venden bots que inflan artificialmente reproducciones, lo que es problemático porque diluyen aún más los ingresos legítimos (Prey, 2020). Aunque Spotify elimina millones de cuentas fraudulentas, el problema persiste. La estructura recompensa volumen sobre calidad artística, favoreciendo playlists de reproducción pasiva como “Focus” o “Sleep”, que acumulan streams masivos con producción mínima, compitiendo por el mismo fondo que obras complejas. Apple Music y Amazon Music enfrentan desafíos similares, evidenciando que tanto la estructura misma del modelo pro-rata como las políticas de una plataforma específica incentivan estas prácticas.
La alternativa “user-centric”
Ante las inequidades del sistema pro-rata, se ha propuesto el modelo alternativo “user-centric payment” donde a diferencia del sistema actual, cada ingreso por suscripción se distribuye exclusivamente entre los artistas que el usuario reprodujo durante el mes. Jurídicamente, esto representa un cambio en la estructura contractual de distribución de derechos patrimoniales, acercándose al principio de causalidad directa entre consumo y remuneración, donde quien escucha paga a quien creó.
En 2019, Deezer anunció su implementación piloto en Francia, argumentando que corregiría desventajas estructurales conforme al artículo 18 de la Directiva 2019/790 que establece el derecho de artistas digitales a una “remuneración adecuada y proporcionada” (Instituto Autor, 2021). No obstante la implementación enfrentó resistencia de las grandes discográficas y no se concretó hasta 2023, revelando limitaciones estructurales (Variety, 2023).
Sin embargo, presentar el “user-centric” como solución ignora el problema estructural de fondo: la concentración del poder de negociación. Aunque este modelo corrige la injusticia de que un oyente subsidie involuntariamente música que no consume, no altera la relación desigual entre artistas independientes y las discográficas que controlan el acceso a promociones, playlists y acuerdos preferenciales con plataformas. Un artista independiente seguirá necesitando millones de reproducciones para subsistir, independientemente de si esas reproducciones provienen de un fondo común o de suscriptores individuales. El problema no es sólo cómo se distribuye el dinero, sino también cuánto dinero hay para distribuir después de que plataformas y discográficas retienen sus comisiones. En este sentido, el “user-centric” mejora la equidad distributiva sin cuestionar las estructuras de poder que generan la inequidad inicial.
Además, rastrear individualmente lo que escucha cada usuario genera interrogantes sobre protección de datos y aumenta costos administrativos difíciles de justificar cuando el Centre National de la Musique concluyó que el cambio generaba ganancias de “a lo sumo unos pocos euros anuales” para artistas fuera del top 10,000 (CNM, 2021). Asimismo, al no existir regulación vinculante a las plataformas, queda como una decisión comercial voluntaria que perpetúa el desequilibrio de poder.
Conclusión
El streaming democratizó el acceso a la música para los consumidores: una suscripción mensual reemplazó la compra de discos físicos, permitiendo acceso ilimitado a catálogos globales. Sin embargo, no democratizó la distribución del valor económico generado. Como se demostró, el modelo pro-rata concentra ingresos en el 1% superior de artistas y perpetúa el poder de negociación asimétrico entre grandes discográficas y artistas independientes.
El streaming no empeoró las condiciones estructurales; simplemente digitalizó las mismas relaciones de poder. La diferencia radica en la escala: donde antes un artista necesitaba vender miles de discos, ahora necesita millones de reproducciones para el mismo ingreso, y la complejidad algorítmica de las playlists y sistemas de recomendación reemplazó la de los contratos discográficos tradicionales.
Así, sin intervención regulatoria que exija transparencia y umbrales mínimos de remuneración, el ecosistema musical continuará desviando su riqueza hacia intermediarios y no hacia artistas. La pregunta verdaderamente no es si el streaming es sostenible, sino para quién lo es.
Bibliografía
Centre National de la Musique. (2021). Étude sur l’impact pour les ayants droit d’un passage du modèle de rémunération Market Centric Payment System au User Centric Payment System.
Music & Copyright. (2025). Major labels’ preferential deals with streaming platforms. Music & Copyright Industry Report.
Parlamento Europeo. (2024, 17 de enero). Sector del streaming musical: La UE debe garantizar una remuneración justa para los artistas y algoritmos equitativos
Portafolio. (2025). Colombia, único país hispanohablante sin artistas en inglés en su top 50.
Prey, R. (2020). Locating power in platformization: Music streaming playlists and curatorial power. Social Media + Society, 6(3).
Spotify. (2025). Loud & Clear: Spotify’s 2024 transparency report on artist payouts.
Sympathy for the Lawyer. (2025). Streaming royalties breakdown: What artists actually earn. Sympathy for the Lawyer.
UK Parliament, Digital, Culture, Media and Sport Committee. (2021, 15 de julio). Economics of music streaming (HC 50).
Variety. (2023). Deezer abandona el modelo de pago centrado en el usuario tras la resistencia de la industria. Variety.
Wikström, P. (2020). The music industry: Music in the cloud (3ª ed.). Polity Press