
Gustav Klimt (1907), “The Kiss” – Google Cultural Institute.
Este semestre volví a dictar una de mis sesiones de clase preferida: la relación entre la guerra y el género. Se trata de una clase mayormente expositiva en la que intento que les estudiantes conozcan la matriz de inteligibilidad heterosexual teorizada por Gayle Rubin (1975), y su explicación antropológica sobre la institución del matrimonio como estrategia para traficar mujeres con el propósito de formalizar pactos entre hombres. Sé que es una tarea ambiciosa, sobre todo para estudiantes que están cursando una materia obligatoria de primer o segundo semestre del pregrado en Derecho. Sin embargo, constantemente la sesión gira hacia una verdad que yo sé que existe pero que cada semestre vuelvo a poner en duda: todas las personas somos expertas en género y en sexualidad, pues surgen ejemplos de la forma en la que han presenciado la violencia producida por el sistema sexo-género-deseo.
Taylor Swift[1], Lomaasbello[2], y cualquier vergüenza que haya pasado un personaje de talla nacional suelen ser herramientas pedagógicas pertinentes[3]. Cuando el asunto técnico del género (y la superioridad de lo masculino sobre lo femenino) queda establecido con claridad en la audiencia, giramos hacia la forma en la que las personas LGBTIQ+ desafían el orden en el que se distribuye el poder entre Hombres[4] y Mujeres. Es decir, entre personas con pene, asignadas al sexo masculino y con la obligación de comportarse de manera tosca, ruda, lista para la violencia, y sin atención a su propio cuidado ni al de los demás; y personas con vulva, asignadas al sexo femenino y con la obligación de comportarse de manera sumisa, frágil, tendiente a la ternura, y con la capacidad y la voluntad de anticiparse a las necesidades y cuidados de los demás, sobre todo de hombres, ancianos y menores de edad. Esta forma de organizar los cuerpos está dirigida a crear dos grupos sociales que tienen una relación de subordinación entre ellos: los Hombres dominan a las Mujeres. Empiezo por esa explicación para hablar de la violencia por prejuicio cometida contra personas LGBTIQ+ en el conflicto armado colombiano porque considero que la violencia basada en género encapsula la violencia motivada en la discriminación contra la orientación sexual o la identidad de género de las víctimas. Un hombre gay es, sobre todo, un mal Hombre. Es una criatura que desafía el mandato que organiza los cuerpos y las conductas humanas. Su mera existencia es una provocación. Por eso en mi trayectoria académica y personal (Baca et al., 2021; Díaz Villamil et al., 2023; Ferreira de Almeida & Peralta Ramón, 2021; Hagen et al., 2023; Peralta Ramón, 2016, 2022; Peralta Ramón & Verano, 2019; Sánchez Ferro et al., 2026; Vanegas et al., 2025) he decidido empezar las explicaciones sobre la discriminación contra las personas LGBTIQ+ con la explicación sobre el patriarcado.
Pero este semestre noté la importancia del apalancamiento en el otro sentido. Entender mejor el deseo y la forma de comportarse de los cuerpos explica, también de mejor manera, algunos eventos de violencia basada en género contra las mujeres cisgénero heterosexuales. Adrienne Rich, por supuesto, es una voz esencial para entender esta teoría, pues explicó la forma en la que la invisibilización de las lesbianas perpetuaba los efectos nocivos que traía la heterosexualidad obligatoria para todas las mujeres (Rich, 1980). Algunas autoras mexicanas han abordado la forma en la que la erotización de la violencia participa en el continuum de violencias que culmina en casos de violencia sexual o en feminicidios sexualizados (de Miguel Álvarez, 2021; Meneses et al., 2025). Sin embargo, esta tradición académica se concentra en la forma en la que las representaciones periodísticas o culturales combinan la sexualidad con violencia (mediante la pornografía, por ejemplo). Este derrotero parece conducir a un camino en el que algunas prácticas sexuales son antifeministas o abiertamente contrarias a la dignidad de las mujeres.
Janet Halley ha advertido sobre el peligro de estigmatizar o incluso criminalizar prácticas sexuales como el BDSM, el juego de roles, o el trabajo sexual (Halley, 2016). Coincido en que la dignidad de la vida de las mujeres no debería ser incompatible con la libertad, la exploración y el placer de las prácticas sexuales. Adicionalmente, las prácticas sexuales “conservadoras” no son en sí mismas exentas de violencia, ni hay una identidad entre sus practicantes y los hombres feministas.
Por otro lado, poco se ha dicho de la influencia que tiene la heterosexualidad obligatoria en la ocurrencia de los feminicidios desde una perspectiva estructural. Es decir, sobre el rol que tiene la heterosexualidad obligatoria contextualizada en la ocurrencia de muertes violentas de mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Probablemente la razón de este silencio académico es el temor a cruzar la línea de responsabilizar a la víctima de su propio hecho victimizante. Sin embargo, los estudios queer nos permiten escapar de este confinamiento teórico y avanzar en la comprensión de las variables que participan en el fenómeno social de matar mujeres por ser mujeres. Esto, a su vez, puede dirigirnos a una mejor comprensión del fenómeno y al diseño más adecuado de estrategias culturales o de política pública que permitan prevenir la incidencia de feminicidios en nuestra sociedad.
Sally Engle Merry muestra cómo puede operar la heterosexualidad obligatoria en contextos de violencia doméstica. En su etnografía en medio de grupos de acompañamiento a hombres hawaianos denunciados por violencia intrafamiliar reporta que “Some men assert that violence is natural to men, even a source of pride and respect, and that women like it” (Merry, 2009). También Eve Kosofsky Sedgwick, Judith Butler, Paul Preciado y Adrienne Rich –entre muchas otras personas– han explicado larga y contundentemente la forma en la que el deseo es un artefacto cultural que también es moldeado y sometido para facilitar la dominación de un grupo sobre otro. A desear también se aprende, también se performa, también se repite. Las poetas lesbianas gordas que habitaban la frontera entre Estados Unidos y México tienen numerosas obras al respecto. Su mayor exponente, en mi opinión, es la colombiana tatiana de la tierra, quien se deleita en lo raro, en lo que es considerado abyecto, en los cuerpos que una sociedad no concibe que existan:
me encanta una lesbiana fea[5]
que camina coja
que habla con un ceceo
que deja su caja de dientes en el lavamanos en la noche
se viste con pantalones de poliéster
se unta colonia barata de hombres
tiene una barba tan larga que se para en ella
(…)
tengo ansias de una lesbiana regorda
tan grande que no cabe dentro de la puerta de Starbucks
y tienen que construir un café afuera para ella
tan gorda que se pone pulseras en los dedos
su estómago es un tambor
sus estrías son grabados jeroglíficos
es tan pesada que los platos tectónicos se mueven debajo de sus pies
tan grande que el Lago Maracaibo es su bañadera
le tengo ganas a una lesbiana desagradable
(…)
me arma un trono en la copa de una ceiba
me pone ahí y me rinde culto
diosa azul
me rodea con pétalos de flores
me devora con palabras sucias
me acaricia como si yo fuera una gatita
me coge como si yo fuera su juguete
me pone a cien grados de calor solar
Con todo esto, creo que los estudios queer pueden ofrecer una conversación libre de responsabilización a las víctimas sobre el rol que juega lo que es llamado “placer” o “amor”, y que es determinado por el sistema sexo-género-deseo, en los feminicidios. Este análisis podría ofrecer una mejor comprensión sobre la forma en la que fueron normalizadas e incluso consideradas deseables la violencia, la simulación de la posesión, la vigilancia y las prohibiciones que se imponen entre parejas afectivas. Tras reconstruir esta historia sería posible crear un aparato teórico y cultural que discierna entre los aspectos atractivos de un Hombre y las señales de alerta en una relación con manifestaciones violentas. Una vez esta distinción existe de manera concreta, puede echarse a andar un trabajo social que desmonte el imaginario de que una mujer soltera es una mujer desdichada o incompleta. Como consecuencia, puede frenarse el sistema social que consolida las vidas de las mujeres como disponibles o poco relevantes, y cuya importancia palidece ante el placer y los deseos de los hombres.
Estoy convencida de que un análisis de esta naturaleza puede mostrarnos otros caminos para entender y reducir los feminicidios. En principio, este trabajo puede ser iniciado por las integrantes de la academia feminista, criminológica, y penalista. Allí están las huellas de la violencia y los elementos que permiten reconstruir la consolidación de los imaginarios sobre el amor y el deseo dirigido a las mujeres, junto con las condiciones de ocurrencia de los feminicidios. La comprensión y el diálogo sobre el deseo podría erradicar las fuerzas aparentemente invisibles de la atracción y la sensualidad de esta conversación, y darle cuerpo a una vibración, a una respuesta automática, sobre qué domina nuestros cuerpos y qué negociaciones estamos dispuestas a tener con nosotras mismas para vivir y, también, disfrutar.
Referencias
Baca, L., Molinares, L. E. F., Ramón, M. S. P., & Mahecha, I. W. (2021). En realidad la historia es mucho más larga. https://www.uniamazonia.edu.co/comisionverdad/wp-content/uploads/2022/11/En-realidad-la-historia-es-mas-larga.pdf
de Miguel Álvarez, A. (2021). Sobre la pornografía y la educación sexual: ¿puede «el sexo» legitimar la humillación y la violencia? Gaceta Sanitaria, 35(4), 379-382. https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.01.001
Díaz Villamil, M. D., Baca, L., Peralta Ramón, M. S., Organizaciones y movimientos sociales, & Sociedad civil y otros terceros. (2023). ¿Quién nos va a contar? Informe para la Comisión de la Verdad sobre experiencias de personas LGBT en el conflicto armado colombiano.
Ferreira de Almeida, M. C. F., & Peralta Ramón, M. S. (2021). Escribir desde la ultratumba con voz de mujer Writing from the ultra-tomb with a woman’s voice. https://www.researchgate.net/profile/Maria-Candida-Ferreira-De-Almeida/publication/353310631_Escribir_desde_la_ultratumba_con_voz_de_mujer/links/6350493296e83c26eb37dacc/Escribir-desde-la-ultratumba-con-voz-de-mujer.pdf
Hagen, J. J., Ranawana, A., Parra, V., Beltrán, L., & Peralta Ramón, M. S. (2023). Queering the women, peace and security agenda: A practice-based toolkit. https://pure.qub.ac.uk/en/publications/queering-the-women-peace-and-security-agenda-a-practice-based-too/
Halley, J. (2016). The Move to Affirmative Consent. Signs: Journal of Women in Culture and Society, 42(1), 257-279. https://doi.org/10.1086/686904
Meneses, A. C., Barroso, J. G., & Martín-Palomino, E. T. (2025). Los procesos de pornificación social y su relación con el incremento de la violencia sexual contra mujeres y niñas. Feminismo/s, (46), 387-418. https://doi.org/10.14198/fem.2025.46.15
Merry, S. E. (2009). Gender violence: A cultural perspective. Wiley-Blackwell.
Peralta Ramón, M. S. (2016). La femenina criatura de Shelley. https://www.academia.edu/download/53007619/Frankenstein.pdf
Peralta Ramón, M. S. (2022). Feminismo radical en Sisma Mujer: Orígenes, desobediencias y consecuencias para las personas LGBT víctimas del conflicto armado colombiano. https://repositorio.uniandes.edu.co/entities/publication/314280d0-93d2-411f-b8f1-f0c39fcf8035
Peralta Ramón, M. S., & Verano, R. (2019). Homéridas en Colombia. En A Ítaca desde el Guaviare. Universidad de los Andes.
Preciado, P. (2014). Testo yonqui: Sexo, drogas y biopolítica (Primera edición). Paidós.
Rich, A. (1980). Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence. Signs: Journal of Women in Culture and Society, 5(4), 631-660. https://doi.org/10.1086/493756
Rubin, G. (1975). The traffic in women: Notes on the”political economy” of sex. En Toward an Anthropology of Women. Monthly Review Press. https://philpapers.org/archive/RUBTTI
Sánchez Ferro, M. C., Parra Escobar, J. V., Peralta Ramón, M. S., & Turizo Vanegas, J. E. (2026). Ver la diferencia: La desviación de la violencia como criterio diferenciador de la persecución motivada en el género. Derecho Penal y Criminologia, 47(122), 301.
tatiana de la tierra . “Oda a las lesbianas desagradables”.
Vanegas, J. E. T., Peralta Ramón, M. S., Parra, V., Sánchez, M. C., & Beltrán, L. (2025). Being normal doesn’t come easy to me: Queering transitional justice mechanisms to enable justice-delivery for LGBTIQ+ persons. Revista IusGénero América Latina, 3(2), 7-23. https://doi.org/10.58238/igal.v3i2.86
[*] Abogada y literata, magíster en Derecho, estudiante del Doctorado en Derecho, y profesora en la misma facultad de la Universidad de Los Andes. Trabajó por cinco años en el equipo de paz y justicia transicional de Colombia Diversa, y desde el 2024 trabaja en la Sección de Primera Instancia para Casos con Reconocimiento de la JEP. Es una mujer lesbiana y feminista interesada personal y académicamente en los esfuerzos de construcción de paz que conduzcan a un mundo más feliz para todas las personas
[1] Especialmente el vídeo musical de su canción “The Man”.
[2] Tanto su vídeo cocreado con víctimas LGBT del pacífico colombiano “Madera y Mar” (https://youtu.be/-dCKMAHE2Jo?si=lz8oq3rVL60hr71b ) como sus canciones comerciales, como “Vivas” (https://youtu.be/4l456uiZ0pQ?si=YOzNXUdhcgVBdJXd ).
[3] Este semestre fue la rueda de prensa entre cadáveres con el disfraz de militar que llevaba puesto el presidente de la República: https://p.dw.com/p/5MMHl
[4] Uso estas palabras con mayúsculas para recalcar que estoy hablando del hombre y la mujer como conceptos, como imaginarios sobre lo que un hombre debe llegar a ser y sobre lo que una mujer debe llegar a ser. Sobra decir que esas expectativas son deshumanizantes e imposibles de satisfacer.
[5] El poema completo puede leerse aquí: https://www.abisiniareview.com/el-encanto-de-las-lesbianas-machotas/